diario

ROSA NOVELL Y LOS DÍAS FELICES

Siempre que pienso en ella, la veo enterrada en una montaña de cartón, medio cuerpo fuera, su pelo rizado era rojo. ¡Era rojo también su vestido? quizás no. La piel blanquísima, los ojos muy claros y enormes como los de una niña y un sombrerito antiguo en precario equilibro en su cabeza. Creo que llevaba guantes blancos y una sombrilla diminuta a su lado junto a un bolso de Mary Poppins. Así fue como la conocí en el MARÍA GUERRERO-creo que fue a mediados de los rugientes 80 en Madrid cuando tantos actores de todos lados de España habíamos venido a la capital con la firme voluntad de ser de éste oficio contra viento y marea- y ROSA, LA NOVELL, como desde siempre se la ha llamado, me deslumbró y su WINNIE- mientras se iba hundiendo lentamente con los días y las noches - estaba profundamente viva y luminosa como siempre fue ROSA. Luego compartimos muchas cenas y charlas. Teníamos el mismo representante, casi la misma edad y la misma terquedad en vivir de ser actrices, pero después de unos años de pelear ella se volvió definitivamente a Barcelona y yo me quedé en Madrid y sólo muy de tanto en tanto sabía de ella. Sé que dirigía con esplendida maestría, que se enamoró- y de hecho la última vez que la vi fue en su casa cerca de la Bonanova ya casada y feliz con Eduardo- y hoy ¿ya partió? Unida a una gran tristeza siento un coraje tremendo por lo poco que la disfruté y me preguntó: ¿porqué nos despistamos tanto en la vida? ¿porqué nos dejamos distraer tanto con peleas, pruebas, con correr siempre en pos del trabajo y se nos va el tiempo sin atender, sin darnos tiempo para lo fundamental; estar y compartir la vida con la gente que queremos y admiramos? ¡Que estupidez tan grande es valorar siempre tarde aquello que realmente nos importa! Hace relativamente poco que me he dado cuenta que lo que me consuela, me anima, me llena de optimismo y de afecto, poco tiene que ver con aquello a lo que dedico mas del 80% de mi energía y mi tiempo y lo que probablemente, para muchos, es lo único que soy; “mi trabajo". Realmente lo importante no es el baile sino con quien bailas y el rato que te pasas bailando. Y hoy es ROSA, pero antes estuvieron otros con los que se me han quedado muchos sentimientos en suspenso, muchas palabras no dichas, mucha alegría sin compartir pero a veces los recuerdos son un consuelo y en ese recuerdo vuelvo a sentir las mismas ganas que tuve, cuando oí cantar a su Winnie, de levantarme de la butaca, correr a socorrerla y darle yo la oportunidad -que ese dios que transita ausente por el texto de SAMUEL BECKETT le negaba con su indiferencia o silencio-. Y sí, hoy, pero se que habrá muchos otros” hoy”, he vuelto a escuchar su peculiar y delicioso timbre de voz diciendo: "¡Otro día feliz !"

laura cepeda